En este Blog, Pedro Jesús Cortés Zafra acumula sus artículos y otros escritos. Mediante ellos pretende expresar sentimientos y pensamientos enredando palabras.
En la ventana huérfana, de los habituales cabellos curioseando la concurrida calle, gritaba con fuerza el viento. Era atroz el desolador paisaje tras el cristal. Sólo las casa de obra y las rocas de los montes permanecían impasibles. Arrastrados por el vendaval, indigentes trataban de cogerse inútilmente a árboles o farolas.
Resguardados en sus palacios, los poderosos. Aprovechaban la mañana para prostituir sus espejos, adornándolos con flores; que clamaban gritos de inocencia. La inocencia de ellos fue muy anterior a sus obesidades. Sus cuevas de luces venenosas eran un lugar seguro.
Lo habían construido destrozando deseos ajenos. Adormilados aún, sus lenguas hendían bromas sobre las desgracias. Penetrando con su despiadado lenguaje huesos y carne, además del alma de los “afortunados” sirvientes.
Dicen que la maldad tiene un fondo. Pero no es así. Para esta gente no hay fondo.
Detrás sólo puede haber el grito desgarrado de deseo, en trampa, de una adormidera cruel que conduce a muchos a un mundo de alambre. De olvido. Mientras, quienes obtuvieron las ganancias se crecen. Las victimas vuelan por debajo del suelo de derechos en un mundo de angustia.
Algunos, con vasos de alcohol amarillento, brindan por la reconstrucción de los daños, que la harán sus empresas.
Algún día surgirá de algún pueblo perdido, en un triste otoño, un poeta que con sus versos moverá las almas de los pobres y olvidarán los miedos. Clamarán Justicia. La Esperanza renacerá.