Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

En este Blog, Pedro Jesús Cortés Zafra acumula sus artículos y otros escritos. Mediante ellos pretende expresar sentimientos y pensamientos enredando palabras.

Publicidad

sin testigos

SIN TESTIGOS.

Cierta vez, estando yo, ¡mísero de mí!, sin testigos. (Que el silencio de los presentes es la peor manera de estar sin testigos, fuere, su silencio, por la causa que fuere). Viajaba en tren, primera clase -que suelen ser los que menos clase tienen cuando de justicia se trata- bien vesti

do con traje clásico gris, corbata azul perfectamente anudada, pero borracho, un señor pasa por el pasillo e intenta entrar en el departamento en que me encontraba. Todo estaba ocupado. El mio era el asiento más próximo a la puerta, el primero que se topa uno al abrir la puerta corredera. Con malos modos se dirige a mí en un español bastante impreciso, - entre la melopea y que debía ser extranjero- sólo se le entendía que tenía la falta de educación característica de un niño mal criado y que se empeñaba de malos modos en cambiarme el asiento por otro de otro vagón. 

Antes de que pudiese contestar a nada de cuanto decía, un joven, también todo elegancia pero sólo en el vestir, se interpuso entre nosotros y encarándose a mí, (éste sí en perfecto castellano) me viene a decir algo así como que qué me creía yo, que si sabía con quién estaba hablando... A lo que respondí, haciendo un alarde de exagerada paciencia y en tono condescendiente: “Me creo que es un señor al que su borrachera le ha hecho equivocarse y que aquí estamos, creo que todos, dispuestos a disculpar, pero no a tolerar que después llegue usted con esos aires, ya que eso está muy feo, joven, compórtense, por favor”.
Mi comentario, lejos de quitar leña del fuego de su irritación, (cosa que yo no pretendía) lo enervó. Comenzó a gritarme. “Está usted ante un Ministro de “X país” (no quiero nombrarlo para no ocasionar a Don Mariano Rajoy más problemas internacionales de los que ya tiene). Y yo soy uno de sus escoltas, así que ándese con mucho cuidado”. Yo, con la “guasa” que siempre intento aparentar ante situaciones así y aparentando la mayor seriedad posible, llevándome la mano a la frente en signo de saludo militar, respondí: “señor, sí, señor”. Debía ser algo inteligente, al menos más de lo que aparentaba, pues se dio cuenta de que le contesté con “retintín”. ¡Qué listo!.

Me acercó la mano abierta junto a mí barbilla y, en tono amenazante dijo: “se va usted a acordar de haberse cruzado en mi camino”. 
“Pues... no sé, últimamente mi memoria,... como que está fallando más de lo debido, pero, en fin, si le parece a usted, lo intentaré”.
Entre tanto el “presunto señor ministro” golpeaba una y otra vez contra las paredes del pasillo, movido por el traqueteo del tren y el escaso equilibrio, por su estado. Aunque antes se le había escapado, ahora parecía “bien domado y obediente” el escolta le dijo, espere, por favor y “casi” no se movió del sitio. Al parecer y según supe después, había aprovechado una visita oficial a nuestro país, para, con su escolta de confianza, desmarcarse y pegarse un garbeito por la Costa del sol. ¡Lástima que los trenes lleven coche bar!.

El extraño incidente estaba tomando unos tintes un tanto desagradables. No sé porqué, siempre la chulería me cayó mal. Y un caudal de sentimientos encontrados llegaban a mi mente. Por un lado, la lógica, me decía: “no merece la pena seguir discutiendo con quienes nada saben de la palabra respeto”. Por otro, mi orgullo, mi amor propio, tal vez excesivo, me indicaba: “que se jodan ellos que son quienes no tienen razón, ni derecho, por muy ministro que sea, a molestar a nadie”. A mi mente llegaban las palabras de Quevedo cuando afirmaba en su poema: “No he de callar, por más que con el dedo, /ya tocando la boca, ya la frente / silencio avises o amenaces miedo...” No entendía cómo el supuesto “escolta” que vino en auxilio de su acompañado, al ver que no había realmente peligro, ni problema sino llevárselo a su asiento, se empeñó también en darle la razón y en tono amenazante me indicaba que me largara de allí y dejase mi asiento, habiendo yo de “buscarme la vida” para obtener dónde sentarme. Sabía perfectamente nuestro idioma, pero su cultura española no le llegaba a saber que si un perote se empeña en llevar razón y sinceramente cree que la lleva, es mejor decir como Quijote dijo a Sancho: “con la iglesia hemos topado”.
¿Es que usted no quiere recibir mi mensaje de que se largue? - Me decía el susodicho individuo. A lo que le respondí: “y usted, ¿no capta que nanai? ¿que le he devuelto el recibido con una negativa rotunda? Es que, aunque no lleve hoy escolta, porque es un viaje de incógnito, se hallan ante el presidente de la república independiente de mi casa”, dije acordándome del anuncio de Ikea. Y añadí: “Mi verdad y mi fe irán conmigo hasta mi muerte, siendo así he merecido ser honrado por cuantos me conocieron realmente”. En el tono más agrio que es posible imaginar me espetó: “No te murieras, pobretón de mierda”. (En lo de pobretón, llevaba razón).

Discurría el tiempo con lentitud inusitada. Hallándose seguro de que fuera en vano su insistencia conmigo. Cogió su teléfono móvil e indicó en un idioma que no entendí, (sólo sé español) algo a su interlocutor. Antes de medio minuto, dos hombres, identificándose como policías secretas españoles aparecieron y me solicitaron, con amabilidad que les acompañase a otro vagón para hablar del incidente. Accedí sin más dilación, pues al fin me pareció que la cordura terminaría imponiéndose. 
Llegados a la soledad de otro departamento del que cerraron cortinillas que daban al pasillo, cambió el tono de modo tan radical, que llegué a sentir miedo. Al parecer había “el señorito escolta” solicitado la presencia de ellos, que estaban en el tren para sólo si surgía un incidente grave. Porque, según les dijo se sintió amenazado e insultado él y su ministro por mi, por mis insultos y amenazas.

No daba crédito a mis oídos. ¿Cómo era posible semejante patraña?. Relaté a los agentes, que con gestos de desprecio me escucharon, mi versión de los hechos. Y por respuesta obtuve un : “veremos listillo, como no corroboren los testigos del departamento tu versión...” ¡¡Espérese aquí!!. Nada más salir ellos entró a acompañarme una pareja de guardias civiles armados que ni buenos días dijeron. Me quedaba la tranquilidad de que todo había sido en presencia de otras cinco personas, que si bien para nada intervinieron, no es menos cierto que estaban allí y , sin duda,me sacarán de tal apuro.
Al menos eso pensaba yo antes de enterarme de que tres de ellos objetaban haber estado ojeando una revista, con los auriculares puestos y no se percataron de nada y los otros dos eran de esos espíritus que siempre dan la razón a los fuertes con lo que me quedé “”SIN TESTIGOS”” ¡¡Manda güevos la cosa!!. 
Se tomó nota de mi documento nacional de identidad. (Mejor dicho, se fotografió, con un móvil, por ambas partes por uno de los guardias civiles y ando a la espera de que me llegue o citación para algún juicio o alguna multa por “desacato, insultos, amenazas, creación de conflicto internacional y seguramente de ser el toro que mató a Manolete”. Cuando sepa cómo acaba esto os lo digo.

Cerralba 29 julio 2012 Autor Pedro Jesús Cortés Zafra.
Publicidad
Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post