En este Blog, Pedro Jesús Cortés Zafra acumula sus artículos y otros escritos. Mediante ellos pretende expresar sentimientos y pensamientos enredando palabras.
Me pregunto: durar mucho, ¿para qué? Si ya no podré jugar como cuando era niño. El único corcel que tengo es de madera y pertenece al ajedrez. Sí ahora empleo caballitos de madera. Infinitamente intachables. Inmaculados. Pero me gustaban más aquellos de mi colección infantil. Eran de cobre, también duros como piedras. Yo le ponía la música a la aventura. “tatachán, tachan, chimpón”... Costaban dos reales cada uno. Algunos traían un gorro transparente, de plástico, minúsculo, a modo de los que llevan los que tiran de los coches de caballos.
Pero... ¡¡qué fatalidad!!. Alguien debió pensar que ya me hice grande para jugar con ellos. Ni sé cuántos años llevarán tirados en la basura. ¡qué pena!.
Con cartulinas verde les hacía su campo y un trocito pintado con tinta azul, era el río. ¡Qué alegría cuando bebían todos ordenados junto a la orilla!. Eran, como dijera Machado: “alegrías infantiles, que cuestan una moneda”.
Me tendía en el suelo y podía estar a la misma altura de ellos. Como las habitaciones eran pequeñas, a veces, se me negaba desplegar toda la caballería y sus tierras. Yo, cansino, daba vueltas y más vueltas, hasta que me autorizaban a formar aquel tropel. Siempre lo conseguía. Aunque, en ocasiones parecía como si estuvieses pidiendo permiso para cometer un delito.
Mis caballitos, tan locos como yo, preguntaban cosas a las estrellas y se enfadaban cuando quien les respondían era “la rociá” o una nube. ¡Es que tenían un genio!.