Menos mal que yo hace tiempo que me fui en mi nave espacial y soy de otro espacio planetario donde la justicia y la libertad no son sueños irrealizables. En mi planeta los ladrones de las preferentes fueron juzgados y después de devolver lo robado, están cumpliendo condena de trabajos forzados. (Aquí no alimentamos alimañas). Otro tanto ha ocurrido con nuestros “Gurtel”, los “Fabra” y sus aeropuer
tos, los “Camps” y su Valencia, nuestros “Matas”, o... quienes arruinaron bancos y cajas, también con nuestro particular “Divar” y nuestra “nueva Rumasa”.
Porque también aquí existe todo eso, pero se soluciona de otro modo... Sí, lo juzgó nuestro “Garzón”, que por cierto, aquí sigue en activo. Y permite, con la ley en la mano, a quienes han cogido comida para dársela a los que no la tenían, hacerlo sin ser juzgado por ello, sino aplaudido. Este planeta en el que estoy es muy raro. También hay quien opina que así vamos a la “ley de la selva”. Pero son tan pocos...
Aquí jamás un estado tendría la osadía de anteponer los intereses de una deuda dineraria al oxígeno de un moribundo que pasó toda su vida trabajando y además de cotizar a la seguridad Social, generó riqueza para su país. ¡Eso no lo consentiríamos!. Además aquí siempre se paga antes el salario de un maestro, que cobra 1.500 Euracos, (y tiene que alimentar a su familia) que el de un “listillo” que quiere agenciarse 80.000 al año. Para este último, sólo si queda y reducido a la mitad. Somos extraños seres extraterrestres. Es así. Es la diferencia entre mi nuevo planeta y la Tierra. Aquí la codicia y la megalomanía se curan con cincuenta añitos de cárcel. Es que estamos aquí los más brutos del sistema solar.
Hay quien piensa que los humanos que aun siguen en la Tierra, son peores que cualquier elemento radioactivo. Estos, con siglos y más siglos, pueden evolucionar y perder peligrosidad, en cambio muchas personas, nada de nada. Porque viven una especie de odio-empacho-amor, enfermizo parecido a la bulimia, pero sin posible solución y no con codicia de comida, sino de todo cuanto existe.
Y con civilizaciones cíclicas, sin aprender nunca nada del pasado, volviendo una y otra vez a la Edad Media. Sin que nadie entone nunca un : ¡me he equivocado! Es lo que aquí asombra más de los humanos y lo que más miedo genera. Es que ... ¡ni somos valientes!.
No, aquí nadie es valiente, ni siquiera los gobiernos, las listas abiertas en las elecciones bastante proporcionales … Fijaos que ni siquiera se atreven a contar la cantinela de: “nuestro sistema financiero es maravilloso, de puta madre y por eso hay que bajarles el sueldo a los mileuristas” No …, porque los correríamos a gorrazos, claro. Somos brutos, pero no gilis.
Aunque creo que como todos los que tienen el poder en algún momento, su punto de “fondito se psicopatía y odio por los de abajo, si que lo sienten”, pero se aguantan.
A veces echo de menos la Tierra y quiero creer que “la pista de aterrizaje” del capitalismo ha llegado a su fin. Al mismo fin que la pista de aterrizaje de Castellón. A la realidad. Y que no les va a gustar nada a los “de arriba”.
Bueno, mientras se arregla o no, yo sigo en mi nave espacial recorriendo planetitas. Salud (mental para todos/as).
Desde un extraño planeta del sistema solar. Pedro Jesús Cortés Zafra.