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9 marzo 2013 6 09 /03 /marzo /2013 00:51

 

La clave de nuestra crisis:

No creer en la igualdad.

"Que nadie es más que nadie",

No se piensa de verdad.


La mayoría ambiciona

El ser más que los demás.

Sin ninguna condición,

Que avale esa ruindad.

  

Desfachatez que se observa

Claramente en las alturas,

Reflejo de las personas

De a pie de calle, sin duda.

  

Se especula economía,

Se especulan las pensiones,

Y con solidaridades

O ser mujeres u hombres.

  

Que aquí no se libra nadie

Pues nos hemos dedicado

A rentabilizar quejas

Más que a buscar arreglarlo.

 

Quizás sobre fanatismo

Entre la ciudadanía.

Así el corporativismo

Nos pierde en el día a día.

 

Escudados en un grupo

Cada uno en su arbolito

Que le impide ver el bosque

de igualdad que necesito.

 

Porque tiene poco mérito

El ser mujer o ser hombre

Lo que realmente importa

Que el responsable no sobre.

 

¿Cuando aprenderemos todos

A ser seres imparciales.

Ser justos como personas.

Y con las instituciones.?

 

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6 marzo 2013 3 06 /03 /marzo /2013 18:17

 

Es que el hambre ya aparece

 

Entre las gentes de España.

 

Que para evadir dineros,

 

Hay algunos con gran maña.

 

 

Con el placer de los menos

 

O el mirar para otro lado,

 

En el mundo, está extendiendo

 

El capital sus tentáculos.

 

 

Se quedan con beneficios

 

Del trabajo del obrero

 

Y así la vida del pobre,

 

De lástima, es sin dinero.

 

 

El rico es más rico ahora

 

Y el pobre con más miseria.

 

Con un gobierno en la inopia

 

La cosa se pone seria.

 

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6 marzo 2013 3 06 /03 /marzo /2013 16:27

 

victimas.jpg

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Victimas laceradas en noches de tinieblas.

 

Cruzando el aire sueños homicidas,

 

Sin una cruz que señale donde yacen,

 

Sin un triste epitafio que algo diga.

 

Poblando una fosa común, junto al camino,

 

En un mundo de traiciones fraticidas.

 

Crueles descargas sobre desnuda inocencia.

 

Redes de demencia provocando agonías.

 

La evidencia concreta del espanto.

 

Ojos de miedo encrespado por la cobardía

 

De tiranos que agrandan la injusticia.

 

Regresando una y otra vez en la historia

 

Exigiendo su reclamo a la Memoria.

 

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6 marzo 2013 3 06 /03 /marzo /2013 01:24

 

Excusas,  discursos,

 

Santidad ... 

 

Despachos,  desamor, 

 

Desamparo, 

 

Deslealtad,  mentiras.

 

Concilio.

 

Intrigas de   

 

Uniformes  vistosos. 

 

Redes de  demencia.

 

Como si creyeran.

 

Y Dios en otras tierras

 

Donde hace falta, dando paz a las almas.

 

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6 marzo 2013 3 06 /03 /marzo /2013 01:09

 

Océano encrespado.

 

Cuerpo..., ¡muerte!.

 

¡Corazón parado!....

 

Superficie de playa.

 

Instantes con huesos quebrantados.

 

Frente...,  las dunas del martirio.

 

Sospechas, solo eso.

 

Montón de huellas,

 

Junto a un conjunto de harapos

 

En la arena.

 

Cada domingo, los culpables, rezan

 

Por sus pecados.

 

Reciben eucaristías de sacerdotes

 

Educados.

 

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6 marzo 2013 3 06 /03 /marzo /2013 00:20

 

cielo.jpg

Yo te amé. Te amé tanto...

 

Tanto que mi amor me desbordó

 

Y no pude contener,

 

En secreto, lo feliz que era.

 

Tanto que, mi amor, te envolvía en belleza.

 

Necesitaba gritarlo a los cuatro vientos.

 

Tanto amor no cabía en mis adentros.

 

Jamás había pensado en ello.

 

La imaginación humana

 

No sabe comprenderlo.

 

Y fui a mi madre, sin decirle palabra,

 

Ella supo mi secreto.

 

Ve con ella, me dijo.

 

Es tu puesto. 

 

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5 marzo 2013 2 05 /03 /marzo /2013 14:36

 

¡Ay! Niña, de tanto en tanto,

 

Yo le echo un pulso a la muerte.

 

Mi suerte es que siempre gano

 

La acobardo y  no se atreve.

 

 

 

Yo ni le temo a la vida

 

Ni temo, niña, a la muerte.

 

Siempre le encuentro salida

 

Y eso pasa por quererte.

 

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5 marzo 2013 2 05 /03 /marzo /2013 00:15

 

Un clamoroso silencio

Ningún miembro del partido

De nuevo ha comparecido

¿Que les atosiga el miedo?.

 


Tras la reunión de los lunes

La cúpula del Pepé

Ha escondido la cabeza

Y ¿nada quiere saber?.

 

 

Secretaria general

Dolores de Cospedal

Y los vicesecretarios

¿Quieren la cara ocultar?.

 

 

Y es que en la sede central

El silencio es clamoroso

No se permite la entrada

A periodistas... ¿curiosos?.

 

 

Porque legales acciones

Aquí brillan por su ausencia

No vaya a ser que alguien cante...

Y les duela la cabeza.

 

 

La acción judicial conjunta

Parece que quedó en nada

Sólo el presi de la Xunta

Se pronuncia que esperaba

 

 

Al menos explicación

Con más o menos aciertos

Que nunca dicen embustes.

¡Ya  sabemos lo que es cierto!.

 

 

Con sonrisa congelada

Se quedaron los truhanes

Sin saber cómo ni cuándo

De responsables se evaden.

 

 

Que aquí todo se ideó

Para sacar beneficios.

¿A costa de Deuda Pública

Sin importar perjuicios?.

 

 

Hay que saber los motivos

Por los que en un día después

De adjudicar ciertas obras

¿Llegó dinero al Pepé?.

 

 

¿Se ha puesto de manifiesto

Ya la estrecha relación

De los papeles del Bárcenas

Con el centro del follón?.

 

 

¿Trama Gürtel al completo

Están en la libretita

Que el quien llaman El Cabrón

Tiene muy bien guardadita?.

 

 

Las acciones judiciales

en defensa del honor

la tendrán contra los rojos

Que las respuestas son NO..

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4 marzo 2013 1 04 /03 /marzo /2013 20:46

 

Mi tío Antonio “de la calle Cantarranas”

 

            Claro que hay que especificar, porque yo tenía dos tíos que se llamaban Antonio, el de las Casas Nuevas, hermano de mi padre,  y el de la calle Cantarranas, hermano de mi abuela Catalina. Pues bien de éste y no del otro quiero hablarles ahora.

            Antonio, era también, como sus hermanas y hermanos, nacido en el siglo XIX. Era un hombre de pequeña estatura, delgado, muy trabajador, y de aspecto serio. O más que serio, tímido. De una timidez extrema. De pocas palabras, pero bien utilizadas. Cuando hablaba se expresaba con claridad y concisión. Siempre cortés en el trato con todo el mundo. Poco amigo de beber en exceso ni de peleas de ningún tipo. Solía pasar desapercibido. Aunque siempre me pareció un hombre inteligente. Sabía leer y escribir y de cuentas las necesarias para su tarea. Lo que no era frecuente entre las gentes de su edad.

            Era agricultor de una pequeña haza propia en la que tenía almendros, olivos y alguna parte para cereales.  Cubría su cabeza con una gorra, que le tapaba su calva y salvo en invierno, que llevaba pelliza, solía vestir blusa encima de la camisa. Era, como decía mi abuela, su hermana, mocito viejo, lo que equivale a decir que jamás estuvo casado, siguió por siempre soltero.

            Oí contar que, de joven, había sido albañil. Pero no un albañil cualquiera, no, sino de los mejores de la comarca. Que era llamado para las grandes casas, tipo palacete como la que hoy ocupa la Agencia Tributaria de Hacienda en Álora. Según contaban él levantó ese edificio, remodelándolo de lo que hubiera anteriormente y dándole él una nueva fachada (la que actualmente tiene). Esa parece ser que fue la última vez que trabajó en la obra. Aunque no llegó a cubrir el edificio, teniendo que hacer la cubierta otro albañil.

            El motivo por el cual dejó la albañilería, que tan bien se le daba, fue un incidente que le surgió mientras trabajaba allí.   A media mañana, en una jornada de trabajo, él de maestro albañil y dos peones formaban la cuadrilla. Llegó el dueño de la vivienda y le ofreció tabaco. Con gusto aceptó el cigarrillo mientras charlaban de lo  bien que había quedado la fachada y lo contento que aquel señor estaba con el ritmo de trabajo en aquella obra. Cuando hubo terminado de oirlo, dijo a los peones: ¡señores, recojan las herramientas todas que nos vamos de esta obra! ¡Aquí no podemos seguir!.

            Dueño y peones quedaron perplejos, porque no sabían, ni podían imaginar, el motivo de tal actitud. Si todo había sido alabanzas a la tarea. Si en la conversación, que también los peones oyeron, no hubo discrepancia alguna. ¿Qué habría hecho a Antonio tomar tal decisión?.

Pero Antonio, ¿eso será de broma,? dijeron los peones.

¿Tengo yo costumbre de bromear con el trabajo?.

No... pero...

¡Yo me voy! Espero que ustedes también.

¿Le ha molestado algo, Antonio? Dijo el dueño de la vivienda.

Pues mire usted, ya que me lo pregunta sí, y mucho.

Disculpe, pero... no sé que ha podido ser.

Pues se lo explicaré. ¿ Cuántos hombres estamos aquí trabajando?

Tres.

¡Vaya! Creí que no lo sabía usted.

¿ Y eso...?

Que ha llegado usted y me ha dado tabaco a mí sólo.

Es que usted es el maestro.

Pero los peones también son personas y considero un desprecio hacia ellos ofrecer tabaco sólo al maestro. Quien desprecia a mis compañeros de trabajo, sin cuya ayuda no tendría usted la fachada terminada, me desprecia a mí también. Y como me siento despreciado no puedo trabajar para usted ni un minuto más.

            Aquel señor quiso ofrecer tabaco a todos nuevamente y pidió disculpas cuantas veces le dio tiempo mientras la cuadrilla, a las órdenes de Antonio, recogía las herramientas. También, los peones, quisieron zanjar el asunto sin tener que dejar aquel trabajo y le dijeron cuantas veces pudieron que ya había pedido disculpas y que intentara tomarlo como un despiste. Antonio fue tajante: - Él me ha dicho que me dio tabaco a mí porque era el maestro. Si no lo hubiese sido, le hubiera dado a otro y yo pienso: realice cada uno el trabajo que realice, ningún hombre es más que otro. Quiere decir que yo me voy. Ustedes hagan lo que estimen oportuno. Buenos días.

            Cuando uno ve actualmente a muchos sindicalistas que se reirían de esta  postura, que juzgarían radical, piensa... ¿Acaso no es Honestidad obrar de acuerdo a los propios principios, incluso perjudicándose?. ¿ Cabe quizás forma más noble de luchar por el respeto a  la clase trabajadora?...

            Días después “el señorito” intentó la intercepción de familiares de Antonio para que volviese a esa obra y en vista de su negativa, amenazó con decir a sus amigos, de la clase pudiente, que no les contrataran porque corrían el riesgo de verse con la obra a medio hacer por cualquier majadería de aquel hombre tan raro. Y es que entonces , como ahora, defensores de que todos merecemos el mismo respeto y consideración  no abundaban.

            Mi tío Antonio no esperó para ver si salían o no más obras. Con el dinero que tenía ahorrado, de las muchas obras en las que trabajó, se compró una haza y se dedicó a la agricultura que trabajaba sólo y donde ningún señorito vendría a tratar a nadie “por encima del hombro”.

            Desde los primeros años que recuerdo era para mí una fiesta cuando llegaba la recolección de las almendras. No porque me llevase al campo, que no lo hacía porque decía que allí sólo deben trabajar las personas mayores, “los niños lo que tienen que hacer es leer y aprender, no trabajar, tiempo tienen de pasar fatigas cuando sean mayores”. Esto, dicho en una época en la que la mayoría de la infancia trabajaba, tenía y tiene un valor sentimental de hombre de bien que ya hubiese sido bueno tener en España muchas personas con tanta claridad de ideas. Como les decía, era para mí una fiesta porque cuando descargaba los sacos de almendras y con ellos formaba una gran pila en el copotracero, en el rincón frente a la pajarera, disfrutaba tirándome sobre él, que al desparramarse amortiguaban el golpe. Además ahora, en esto sí me dejaba trabajar algunos ratos (después de la escuela). Yo lo hacía por colaborar y por diversión. Me gustaba descapotarlas y competía con él para ver quien lo hacia más rápido, a pesar de que él no aceptaba la competición e iba a su ritmo, yo sí me comía de mi amor propio al ver que lo hacía mejor que yo, e incluso hacía pequeñas trampas dando con el pie cuando pensaba que no miraba para arrimar a las mías parte de las trabajadas por él. Hacía como que no se daba cuenta y al final siempre quedaba yo como vencedor. Me decía: “la persona que trabaja siempre debe cobrar”. Aunque le asegurara, porque así era, que sólo pretendía ayudar, me daba el dinero que estimaba el justiprecio a mi trabajo y que yo entregaba a mi madre y luego se lo iba pidiendo para chucherías y para el cine. Otro tanto ocurría en la época en que las aceitunas por él recolectadas debían partirse para echar en agua. Con el trigo era distinto, porque los costales eran demasiado pesados y sólo podía ayudar esparciéndolo por la troje que sobre la empinada escalera había, cuando él lo hubiese vaciado.

 

            Jamás lo oí cantar, aunque sabía que le gustaba oir cante flamenco en la radio. Lo que a continuación les cuento lo supe años después de su muerte.

            Cierto día venía a caballo por el campo, desde el cortijo de Brioles, un pariente de mi tío. Era el atardecer de un verano. La brisa le acariciaba  su dolorido cuerpo después de una dura jornada en el campo. Venía sólo. De pronto oyó, a lo lejos cantar a un hombre. Cantaba. Lo hacía tan bien, que arreó su bestia para poder conocer a quien de aquella manera tan sublime interpretaba los distintos palos del flamenco. A medida que se acercaba oía con más claridad y más admiraba su interpretación. Era un pequeño hombre montado en un burro, que por su aspecto, debía venir también de trabajar en alguno de aquellos campos. Cuando llegó a su altura vió que era  Antonio que, montado sobre su borrico, dejó de cantar y saludó a su pariente que extrañado le dijo: “Antoñillo, no sabía yo que tú pudieses cantar de esa manera. Llevo un rato escuchándote hasta que te he alcanzado.” Le respondió: “¿Cantar yo?, ¡que va! Si yo no canto. Y no hubo forma de hacerle cantar de nuevo, ni de admitir que era él quien lo hizo. Su enorme timidez o quizás solamente su enorme humildad, le hacía cantante solitario. Sólo cuando creía que nadie escuchaba llenaba el aire de trinos que nada tenían que envidiar, según quienes le oyeron, a los grandes del flamenco.

 

            Debía yo andar en los seis años cuando comenzó mi abuela María a enseñarme poemas bastante más largos que los que en años anteriores me hubo dicho y que yo, niño repipi, recitaba de memoria con la mejor entonación que me era posible.

            Era lunes por la tarde. Yo estaba en la casa cuando llegó mi tío Antonio de la haza. Tras soltar las herramientas y asearse se sentó en “su mesa”, sí era una  mesa muy pequeña. Toda ella de madera. Tenía un cajón con un pomo también de la misma madera donde guarda su pequeña navaja que solía utilizar para comer.

            Aunque, no era muy hablador, yo le sonsacaba y terminaba entablando un diálogo con él, a veces un monólogo, pero...¡ y lo bien que escucha una persona que habla poco! Yo, que era tan vanidoso como sigo siendo, disfrutaba enumerando mis muchas hazañas y los aprendizajes que iba alcanzando. Me consideraba, a mí mismo, un ser privilegiado por varias razones:  primero por tener tantos adultos a los que contar mis cosas, por tener tanta gente de la que aprender y por la gran memoria de la que hacía gala y que siempre estaban prestos a lisonjear.

            Esa tarde, como otras muchas, me acercaba sin hablarle esperando que fuese él quien me diese pie para soltarle mi nueva retahíla aprendida . Se ve que me conocía y me dijo:

Ayer no te vi, ¿dónde andabas?

Estuve en la casa de mi abuela María. El sábado cuando salí de la escuela me fui y me que dé a dormir. He venido hoy después del colegio.

Y... ¿qué,  lo pasate bien?

Sí, este fin de semana me ha enseñado un nuevo poma muy largo y me lo sé enterito. ¿Te lo digo?

Si quieres...

Claro, se titula Nietos y mira, dice así:

Te lo aseguro Pascual:

ya no hay  más que resignarse,

que el que pudiendo casarse

y  no se casa, hace muy mal.

Ya ves tú que situación la tuya.

¡Que desengaño!

Llegando a los setenta años

achacoso y solterón,

Sentado en esa poltrona

un hombre de tu fortuna

sin más cariño que el de alguna

ama de llaves gruñona.

Y cuando enfermes de veras 

aquí a cuidarte vendrán 

tus sobrinos que estarán

deseando de que mueras.

Y así está muy bien, ¿corriente?

es tu gusto y se acabo,

pero en este asunto yo,

opino distintamente.

Ese egoísmos es fatal

¡viva solito el que quiera!,

yo sin mi familia 

me hubiera muerto hace tiempo, Pascual.

Miro mis goces  completos

cuando en  mi casa sentado

me contemplo rodeado

de mis hijos y mis nietos.

Orgullo de mi vejez,

diez nietos, ¡un batallón!

Tú,  no los conoces,

son encantadores los diez,

rubios como querubines

sanos, con unas mejillas 

y con unas pantorrillas

que tienen los chiquitines...

¡Y qué ganas de comer!

¿Estar ellos malos?, ¡quiá!

Tan hermosos lo habrá

pero más no puede ser.

Solo hay uno de ellos, Pepe

que el pobrecito está cojo

es chato y bizco de un ojo,

pero sabe más que lepe.

Andando con su pata coja

viene y me mima el maldito

y consigue de su abuelito

todo lo que se le antoja.

Por supuesto, la verdad,

todos,.... aunque están mimados

son chicos muy aplicados

saben una atrocidad.

Tú no puedes comprender el amor

¡qué entiendes de eso!, 

¿sabes tú lo que es un beso de un nieto?

¡que has de saber!

es la dicha apetecida,

es la esencia del amor,

es la caricia mejor,

es algo que da la vida,

es lo que nunca has sentido,

es ver en el mundo un cielo,

yo, a Dios, con  ferviente anhelo,

sólo una cosa le pido:

que para morir en calma,

cuando me llame a su lado,

me encuentre yo rodeado

de mis nietos de mi alma.

 

            Se la espeté, así, del tirón, enterita y, el pobre mío, me miraba con condescendencia, incluso se sonrojaba y yo: ¡todo orgullo por saber tanto!, en mi inocencia, de papagayo, que repetía lo aprendido sin saber qué decía e ignorante de que, a veces, las palabras también pueden producir dolor y hacer daño pregunté:

¿Te ha gustado?...  ¿A que sí me la he aprendido muy bien? ...¡Y sólo en dos días! ¡Es que soy un niño muy listo! ¿Verdad que sí?

No sé, memoria desde luego tienes. Y... ¿tu abuelita te ha dicho que me la digas a mí?

No...¡que va!... pero a mí me gusta que sepas que aprendo mucho.

Pues dile a tu abuela que le ha faltado una cosa. Decirte a quien sí y a quien no debes decirle esa poesía. Pero, anda, ven dame un beso, por lo bien que aprendes.

Le besé como lo que era, el único abuelo que conocí, aunque le llamara tito Antonio y seguí sin entender porqué si siempre se alegraba de las cosas que yo aprendía y en esta ocasión no sólo no se alegró, sino que parecía que algo le molestaba.

¡¡¡Bendita inocencia!!!.

 

 

 

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4 marzo 2013 1 04 /03 /marzo /2013 18:01

 

EL PRIMO RAUL

            (La infancia, en su inocencia, cree que el mundo siempre fue tal y como se ve en ese instante. El mundo entero está formado por los personajes y lugares que cotidianamente se muestran a nuestros ojos. Todo lo demás son historias donde realidad y ficción son una misma cosa contada por los mayores. El tiempo transcurre con una lentitud de la que sólo somos conscientes cuando vemos que se dispara y los meses se hacen cada vez más rápidos. Y hay días en que algo llama nuestra atención, recibimos la información que el día anterior tal vez no hubiera sido procesada por nuestro cerebro, nos adentra en el recuerdo para siempre. Quizás sea a base de esos pequeños impulsos como crecemos intelectualmente. Y así somos conscientes de que existen otras realidades, otros países, otras costumbres....podemos aceptar como tangibles cosas que no hemos visto. Al menos, a mí, me pasó así.)

            En la plaza de la Fuente Arriba, un forastero, cámara de fotos en ristre, pregunta por alguna persona que, en este pueblo, se apellide Borrego.             --“Borrego el barbero” llaman a ese hombre, tal vez él pueda indicarle.

Y le encaminan a la barbería de mi padre.

            --  ¡Buenos días!

            –   ¡Buenos días, señor.

Mi nombre es Raul y, aunque no lo parezca, soy perote.

No es por contradecirle, pero... es de los pocos, de este pueblo, que me faltan por conocer, aunque sea de vista; pues no tengo el gusto de haberlo visto por aquí en otra ocasión, que yo recuerde. Yo me llamo Manuel, aunque todos me conocen por mi segundo apellido, Borrego.

            Se estrechan las manos y el foráneo efusivamente exclama:

¡Pues no sabe la alegría que me da!. ¡Me temí que no pudiese encontrarlo!.

¡Ah ! Pero... ¿es que andaba buscándome?. ¿A qué debo tal cosa?.

A usted no, que digo sí...

A ver, tranquilícese y explique, que salvo que tenga prisa, yo tengo todo el tiempo del mundo. Aunque llegase clientela, podríamos hablar mientras trabajo, si no es confidencial lo que debe decirme.

No, no, nada, disculpe, pero es que,,, verá... la culpa de esto la tiene mi abuelito, él sí nació en este pueblo y me contó tantas cosas de su vida aquí, y añora tanto esto que hizo perotes a sus hijos y nietos aunque hayamos nacido en América. Nos sabemos los nombres de calles, plazas, montes.... Fue tanto lo que deseó volver que, aunque vive en Buenos Aires desde hace setenta años se sigue llamando a sí mismo y a su familia perotes.  Cuando físicamente pudo hacerlo, le ataron esposa e hijos, cuando quiso darse  cuenta era demasiado tarde para volver. Así pues, a la primera oportunidad que he tenido, he venido a conocer su tierra y la tierra que metió para siempre en nuestros corazones y regalarle imágenes de la Álora de hoy que guardaré para él en esta cámara de fotos.

Entonces  ¿viene usted de Argentina?.

No, yo vengo de Francia. De París, concretamente.

Así que su abuelo es argentino y usted francés.

No, verá: yo vivo en Nueva York...

¡Tranquilo hombre! País más o país menos, al final completaremos el mapa. Si le parece nos sentamos, porque esto promete ser entretenido

Sí, gracias, sentémonos  y a ver si consigo hacerme entender. ¡Es que es tanta la emoción de estar aquí y poderle llevar a mi abuelito fotos de Álora que me atropello sólo!...Verá mi abuelo es de la familia Borrego, ese es su segundo apellido y por el que le conocían acá. Es por eso que cuando le comenté que vendría a Europa me dijo: “Raulito,  si tienes oportunidad, no dejes de visitar el pueblo donde nací y viví mi niñez y juventud. Pero no me engañes, quiero fotos con el Hacho al fondo, nada de trucos para consolar a este pobre viejo”. Las Torres, la Plaza Baja y el Hacho son las tres primeras fotografías que he hecho. He subido a pie desde la estación y pasado por  calle Toro, Plaza Baja, principio de la calle Atrás y continué por la calle La Parra – aunque veo habéis cambiado los nombres- y es así como llegué a la “fuente Arriba”, porque... ¿esto es la Fuente Arriba?. Aunque mi abuelo me decía que hay en ella un convento y ningún edificio de esta plaza me lo parece.

Cierto, hubo un convento, justo aquí delante de la barbería, que fue destruido durante la guerra del 36 y convertido después el solar en una plaza bastante mayor que la que le describió su abuelo. Y... dígame ¿en qué año se fue a América su abuelo?

En el diecinueve. Tenía veintiséis años cuando emigró en busca de fortuna. Y la verdad es que siempre fue muy trabajador y consiguió sacar a su familia adelante holgadamente.  Se casó allá y... los hijos, criarlos,... consiguió darles estudios a tres de ellos, otros dos no quisieron, pero también tuvieron buenos trabajos y estuvieron establecidos. Sus nietos sí hemos estudiado todos. Es la consigna de mi abuelito: “La familia de los Borregos avanzará hacia un futuro mejor, gracias a la cultura, si no tienes cultura, no eres nadie”. Siempre repite eso de modo solemne. Y aunque, de mucho oído, a veces, lo tomamos a guasa, sí es cierto que hemos progresado gracias a los estudios Yo soy ingeniero, vivo y trabajo para una empresa de  Nueva York y he venido a hacer unos trabajos a París, es por ello que finalizado y antes de volver a América, quise cumplir el sueño de mi abuelo y si me apura también el de mi madre: ver Álora en estos tiempos.   Con  mi familia de Argentina nos frecuentamos las llamadas e incluso, al menos durante las vacaciones nos visitamos. Mi abuelito dice que los Borregos somos muy familieros y es verdad. Tal vez porque lo hemos vivido así de nuestros ancestros.

Pues bienvenido, pariente. Que fueran , como tu abuelo, nacidos en el siglo  XIX, quedan pocos. Bueno... sólo una, mi madre. En alguna ocasión habló de un primo suyo que se fue “a hacer las Américas”...

De las mujeres, hablaba  menos... De sus primos: Diego, Cristóbal, Manuel... y sí de una prima que decía se llevaba muy bien con él, y que era... ¿María  o Pilar, puede ser?.

Las dos cosas, mi madre se llama María del Pilar y Dios quiera que por mucho tiempo, aún vive.

¡¡Será genial!!  ¡¡Pobre abuelito!!  ¡¡Qué alegría se va a llevar!! ¡¡Llevarle unas fotos de su prima y de algunos familiares!!...¿Cuándo puedo visitarla? ¿En qué calle vive? ¿Vive con usted?...

Pues vive en la casa de los abuelos de tu abuelo, que eran también los de ella. Y esa casa está como entonces. Sostenida ya casi por la cal, pero con buen aspecto. Es en calle Rosales, la que baja primera, según sales a la derecha. Vive con una hermana mía, que se llama Ana. Ah... y otra cosa, ya que somos parientes. Si me permites que nos tuteemos, te invito a comer en mi casa este mediodía. Porque ser familia y hablarnos de usted, como que no me parece...

Por mí encantado primo y acepto tu invitación. Entonces me dices que acá a la derecha la primera calle que baja...

Al final de la cuesta, verás unas chumberas, por allí pregunta dónde vive “la Borrega”, que seguro que te indicarán. Pero te espero aquí a las dos para irnos a mi casa. ¿vale? Además, frente a mi madre vive una sobrina suya, hija de otro primo de tu abuelo. Se llama Mariana...”la Borrega” también, claro.

“La Borrega” dices... claro... Borrego, Borrega, ja ja ja. Increíble que yo esté por este pueblo y haya sido tan fácil encontrarles. Gracias, luego nos vemos. Estoy impaciente por ver la casa que dices fue donde mi abuelito visitaba a los suyos de niño. Esa foto vale para él un morir tranquilo. Gracias, gracias, hasta luego.

Adiós. Te espero.

            Así fue como el “primo Raul” entró en nuestras vidas.

 

 

(CONTINUARÁ)

 

 

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  • : En este Blog, Pedro Jesús Cortés Zafra acumula sus artículos y otros escritos. Mediante ellos pretende expresar sentimientos y pensamientos enredando palabras.
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