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22 enero 2013 2 22 /01 /enero /2013 00:22

 

          Yo te besaba. Aflojaste tu cinturón y dijiste:-estoy muerta-. Descansabas tu cabeza sobre mis piernas. Te dormiste. Apretabas mi mano y poco a poco te soltaste. Yo, bajo el cielo, sentado en la arena. Tú tendida. Te servía de almohada. Un silencio impalpable solo roto por el suave oleaje. El hecho era un cuadro delicioso. Nunca olvidaré tu sonrisa. Corrompida por tu mentira. No me hablaste de que...

          Asomaban a mi corazón, en espera de un final desenlace, dientes de tristeza. Sobrevolamos la luz de la tarde en nuestros labios. Viajaron nuestros espíritus a islas indecibles. A ciudades sagradas de pasión. Pero el frío de la realidad ganaba terreno en mi mente.

          Temía enamorarme locamente. Perdidamente. Ser un juguete en tus manos.   El tenue paso de las nubes ponía melancolía en el aire. Se disipaban como hombres distantes perdidos en la lejanía. Habías ido allí para regresar a mi cuerpo. Para robarme mis besos. Tu boca ponía armonía debajo de mi boca. Entrecortando la respiración. En tus sueños te imaginaba navegando por mares silenciosos. No podía planear un futuro contigo. Mi amigo me confirmó hoy a qué se debían tus esporádicas desapariciones.  No habrá  noches compartidas.

          Inmóvil, con tu ausencia de sueño, en silencio... el aire es aliado. Miraba al mar y veía nadar nuestros deseos. El aire puro. Tú, alejándote. Abandoné las ensoñaciones. Descendí a la tierra. Me quedé a la orilla de los sueños. Sin poder surcarlos. Mi alma quería tener alas para poder batirlas y seguirte  siempre. La carne caliente por el sol de agosto se enrojecía. Con tu sostén y una toalla te hice una almohada y me aparté. Dormías plácidamente. Volví a separarme unos metros. A mi sitio único. Tu lecho comenzó a serme tan distante...

          El mar es el final, aquí los ríos desembocan y recuperan sus azules disfraces con ribetes blancos sobre la arena. También mi pecho desemboca aquí, junto al mar. En este instante. Abriste los ojos y mientras te desperezabas me dijiste: -abrázame-

          Entré en mi propio sueño. Tu aliento me rozaba. Me  armé de valor y te dije:- tú no habitas el mundo en que yo vivo, debemos dejarlo. Hoy supe que estás casada y en un año no me dijiste nada-

 

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  • : En este Blog, Pedro Jesús Cortés Zafra acumula sus artículos y otros escritos. Mediante ellos pretende expresar sentimientos y pensamientos enredando palabras.
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